EJEMPLO DE ARGUMENTACIÓN
Hay pintores como Vicent van Gogh que sólo vendieron un cuadro 37 años de vida, aunque un siglo después de su muerte un magnate japonés pagó 40 millones de dolores por su Jarrón con quince girasoles, otros como Lawrence Alma-Tadema conoció en vida el honor, la gloria y la riqueza y sus obras se cotizaron en Europa a precios vertiginosos, hoy sus cuadros, aunque reconocidos, no se admiran como la obra de Van Gogh. Ni la aclamación ni el rechazo en la vida del autor garantizan la fama futura de un artista.
Los artistas viven y trabajan en un complejo entramado de mecenas, marchantes, clientes, coleccionistas, instituciones y colegas del gremio. Con frecuencia hay artistas ilustrados en determinados movimientos pictóricos, a los que llaman para decorar, y son famosos en una determinada época. Sin embargo una obra se califica como obra de arte por rasgos varios, por ejemplo la innovación, así se valora la perspectiva experimentada por Fray Angelico en el “Retablo de la Anunciación”, en el puntillismo de Seurat en la “Isla de la Grande Jatte” o el impresionismo de Renoir en “El almuerzo de los barqueros”. Otro rasgo imprescindible del artista es el virtuosismo, es decir el dominio de las técnicas de cada momento artístico como ocurre en “El matrimonio Arnolfini” de Jan Van Eyck, o “El señor y la señora Andrews” de Gainsborough, o en “Los embajadores” de Holbein el Joven. A veces hay obras que son maestras porque expresan creencias, actitudes, sentimientos que delatan épocas, personas, situaciones, qué bien se aprecian los modales de la educación victoriana en “El despertar de la conciencia” de William Hunt; el sufrimiento de la camarera del “Folies-Bergere” de Manet o la desesperación de los náufragos de “La balsa de la Medusa” de Gericault.
Estamos ante una argumentación porque nos señala la tesis de cuáles deben ser los rasgos de una obra maestra de arte: innovación, dominio de la técnica y expresión de detalles que delaten épocas, personas o situaciones. En cambio no considera la fama o el rechazo que el autor tuviera en vida ni su trabajo para mecenas.
Si atendemos cómo se ha redactado la argumentación comienza presentando qué datos no deben considerarse apropiados para calificar a una obra como obra de arte y en cambio qué datos sí deben ser valorados. El detalle técnico de la argumentación es la continua ejemplificación del autor





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